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lunes, 8 de octubre de 2012

No es uno más

Pisó el campo de juego y se le cayó encima una tonelada de aplausos. Poco tuvo que envidiarle a la ovación que bajó a los 39’ del segundo tiempo cuando el Chino Benítez se puso la 23 y entró para remplazar a Braña. Es que desde su debut con la camiseta de Estudiantes al colombiano Duván Zapata le sobran razones para diferenciarse de los tantos otros que llegaron en esa famosa compra masiva que le permitió a más de uno gozar de un sueldo cuanto menos “suficiente” por jugar algún que otro minuto.


No mide un metro noventa por pocos milímetros y sin embargo está lejos de ser el típico centrodelantero torpe que no sirve más que para embocarla. El último sábado hasta llegó a posicionarse de wing izquierdo, expectante a cualquier contraataque que pudiera resultar de la presión que ejerció Quilmes en los últimos minutos. Sus cualidades físicas combinadas con su velocidad lo hacen un hueso duro de roer para cualquier defensor. Además, goza de una pegada tan potente como precisa, y si no pregúntenle a Campestrini cómo se la picaron la última vez que anduvo por La Plata. Y ya que volvimos hacia atrás hasta aquel empate en uno con Arsenal, recordemos que la jugada del 1-1 arranca en mitad de cancha cuando el mismo goleador recuperó la pelota.


Si lo expulsan, la gente explota contra el árbitro. Se lesiona, y son todos gritos de aliento. Son algunas de las cosas que le pasan al ídolo y de las que no todos gozan. Un ejemplo fácil es Mariano González, quien a esta altura ha desarrollado en la gente la famosa “tolerancia cero” cada vez que se equivoca. Hasta el reconocido Justo Villar fue tildado de ladrón cuando su complicada lesión lo dejaba afuera de las canchas a pesar de que la mitad de su sueldo fue destinado por decisión propia a las inferiores del club.


Esta vez no tuvo que picarla, ni gambetear, ni recuperarla en mitad de cancha. Tuvo que estar ahí. Tuvo que estar tocado por esa varita de la que son amigos los goleadores, pero sobre todo los ídolos. Volvió y le quitó a Cagna las pocas excusas que le quedaban para dejarlo en el banco de suplentes. Mientras tanto, Lombardi descansa satisfecho en su sillón sabiendo que cada uno de los dólares con los que se aseguró al 9 valieron la pena.


Desde algún punto de vista su condición o no de ídolo puede ser discutible. Sin embargo, a esta altura hay tres hechos que resultan irrefutables: el colombiano genera algo especial en la gente y es tanto la mejor apuesta a futuro como el jugador de más alto rendimiento que tiene hoy Estudiantes en su plantel profesional.

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